EL TESÓN PARA SER UNIVERSAL


EL TESÓN PARA SER UNIVERSAL
—Cómo nuestro llano se volvió global—
Salvador Montoya
A Verónica Mata, mi amor bonito


Puntero en la soledad
que enlutan llamas de ayer
Parece que va soñando
con la sabana en la sien
Alberto Arvelo Torrealba, Florentino y el diablo (1940)

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Allí estaba mi abuelo en su hamaca de siempre en esa última vez que lo vi lúcido y con brío de hombre fuerte y pujante. Yo crecí observando cómo trabajaba en su pequeño abasto y después cómo parrandeaba con su cuatro y su arpa.
Creo que fumaba excesivamente. Hasta que un día él mismo dijo: «Hasta hoy fumo». Y no fumo más. Así era su tenacidad. Cuando alguien manifestaba en su presencia cierta resignación ante el desafío de la vida o del trabajo, a veces, le respondía de cómo él había aprendido sin mucha pedagogía de otro a tocar un instrumento o ya bien adulto a leer y a escribir casi por sí solo. Él me decía: «Me iba lejos a tocar mi instrumento, a mejorarme». Y después había otro músico mejor que oyéndolo, le decía a su papá (mi bisabuelo): «Oye, don Aguilar (ese era el nombre de mi bisabuelo), préstame a Cruz para que me toque en un baile». Y después de la faena del llano, mi abuelo se iba a ser músico acompañante a algún baile. Y en esas lides de llano y de música atravesó Barinas, Apure y llegó a Guárico. Llegó a Calabozo. A trabajar en la construcción de la Represa y luego en las siembras del arroz. Tesón para vivir en el llano, tesón para celebrar el llano. Tesón para hacerte uno con el llano. Y por eso cuando mi abuelo Cruz Montoya en su hamaca ya no podía hablar, yo también le canté una canción llanera. Porque así se forja el tesón de un hombre. Así también el llano jamás deja de ser universal en un hombre y en una fe.

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Nuestro llano venezolano, nuestra etnonimia valiente podríamos captar su origen en aquellas antiguas Ordenanzas de los llanos bajo la sociedad colonial en 1771-1772. Ya habíase fundado nuestra ciudad de Calabozo cincuenta años antes en 1724. Ahora bien, fue el científico y genio alemán Alejandro de Humboldt que en su visita aquí a Calabozo en 1779 escribe en su libro clásico Viaje a las regiones equinoccionales del Nuevo Continente (escrito en francés por cierto, publicada en 1807) que describe a los hombres que habitaban en estos lugares como llaneros. Es decir, este gentilicio se concibió entre Ortiz y Calabozo en un lugar posible llamado Hato Del Caimán. Así nace la etnonimia invencible y se vuelve global.
Con razón el Libertador Simón Bolívar, en 1818, más adelante, en su proclama cuando los llaneros vencen en la gesta independentista y derroten a Boves, dirá la frase que será uno de los fundamentos de la identidad cultural venezolana: «Llaneros, vosotros sois invencibles». Allí también se forja el tesón para ser universal: en esa dimensión de batalla y de victoria. Y esto debía trascender, por supuesto. Es un hijo del General José Antonio Páez, Ramón Páez, en 1862 que edita en Nueva York, un libro escrito por él en inglés, el cual denominó Wild Scenes in South America or Life in the Llanos of Venezuela. Describiendo allí una travesía por los llanos venezolanos. Travesía que demuestra cultura, arte, cosmovisión, incluso hasta geopolítica. Porque el llano se vuelve universal en la mente y en la sien de nuestros líderes. Asimismo lo pudo captar el poeta Alfredo Arvelo Larriva cuando gana un premio literario, en 1926, con una poesía sobre el llanero venezolano. Agreguemos dos datos más interesantes sobre él: Arvelo Larriva fue amigo personal de Francisco Lazo Martí. Y al ganar el premio literario, con el dinero del mismo, manda a hacer una escultura en homenaje al poeta de la Silva Criolla (la mejor poesía del llano venezolano, publicada en la revista El Cojo Ilustrado en 1901).

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Porque el llano es pasión de hermandad, tesón para ser universal. En 1961, el laureado escritor estadounidense William Faulkner, premio Nobel de Literatura, se reúne con el insigne escritor nuestro Rómulo Gallegos (escritor de la máxima obra sobre el llano venezolano, Doña Bárbara) en Caracas. Es el abrazo del Sur profundo de Estados Unidos con el llano profundo de Venezuela. En cierta manera peleaban contra los mismos males y barbaries. Con astucia, dirá diez años después, nuestra clarividente ensayista Elisa Lerner, en un breve ensayo deslumbrante, que: «Porque, en Latinoamérica, ¿qué no ha Sido el faulknerismo sino una visión de mayor profundidad irónica, de trascendencia poética, para comprender una enajenada ruralidad, una inconclusa condición de nuestros países?» (Elisa Lerner, Yo amo a Columbo, Monte Ávila Editores, Caracas, 1979, p. 149). Faulkner y su producción intelectual es vista en literatura, psicología e historia como faro desde América Latina para romper subdesarrollos y marginalidades opresivas. El llano se vuelve universal por la potente simbología para quebrantar cuatividades mentales e históricas. Por ello, nuestro escritor llanero, formado en Rusia, Edgardo Malaspina, en su Manual de la Historia de la Medicina en Venezuela de 2017, resalta el papel de un médico negro exesclavo en Calabozo llamado Romualdo, quien en 1791 siendo acusado de provocar la muerte a sus pacientes termina ganando el caso judicial pues Romualdo tenía la prueba concluyente: tenía la certificación del Protomedicato colonial. El llano es cultura de superación personal, crecimiento integral y de trascendencia existencial.

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Ahora bien, el tesón para ser universal requiere mantener viva esa visión de nuestros orígenes, esa pasión por nuestra tradición de empoderamiento. Con razón nuestro experto Dr. Adolfo Rodríguez afirma que la llaneridad venezolana es irreversible en su identidad por el tesón. Con razón el escritor Jeroh Juan Montilla afirma que el llanero es inmortal con su paisaje. Pues es mito y símbolo de superación histórica. Es lo que hizo nuestro genio musical calaboceño Antonio Estévez con su Cantata Criolla. Es el canto poético que entonan en los himnos del Municipio Chacao o en la Universidad Metropolitana escritos por el poeta de Zaraza Ernesto Luis Rodríguez. Enumeremos tres ejemplos desde el ámbito literario: en 2007, el poeta Leonardo Ruiz Tirado publica su libro Leer Llano, una suerte de bitácora holística sobre cómo se piensa y se siente nuestro llano y cómo son sus vinculaciones al fragor del mundo. Leer Llano es saber leer el alma del mundo. Como leas el llano descifras lo universal. Un año antes, en 2006, el poeta Igor Barreto publicó el libro Llano ciego: la lucha de una subjetividad herida para vencer los tiempos oscuros de la alienación y de las opresiones ideológicas. El tesón se vuelve universal porque forjas la mente que rompe las oscuridades. Y como último ejemplo allí está el antropólogo Dr. Horacio Biord que ha soltado poemas de un libro inédito llamado: Cuaderno del llano. El llano invita a remontar nuestros propios fracasos y frustraciones. Nadie puede dejar que la barbarie destruya al llano y a su identidad. El llano nuestro es universal por las cavernas que nos permite trascender: cavernas de pesimismo, de resignación, de corrupción y de atrasos.

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Recientemente se hizo viral el vídeo de un nigeriano Kolo, quien vive en los Estados Unidos. Kolo hizo un sample con la canción llanera Mi querencia de Simón Díaz. Y sobre esa canción irrumpe un rap salvaje, bestial, crudo. Ya antes el rapero venezolano Canserbero había tomado con una lírica insuperable nuestra leyenda de Florentino y el diablo y la fusionó a su magma hip hop cómo doctrina de acción y de lucha en su canción clásica Es épico. El llano se vuelve sentido de fe y de universalidad, superando abismos, infiernos y caos. Con un sonido de telurismo añejo y futuro, el mismo sonido con que despedí de la vida a mi abuelo, allá en su hamaca, y ese sonido como un tesón seguirá recorriendo los cuatro horizontes de nuestro planeta y de nuestro espíritu. El tesón para ser universal.
Calabozo, 10 de diciembre de 2023

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