LOS ANTÍDOTOS CONTRA LA CICUTA
LOS ANTÍDOTOS CONTRA LA CICUTA
Por Salvador Montoya/Escritor. @soymontoyaoficial
Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo que dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz potaje para los hijos de los profetas. Y salió uno al campo a recoger hierbas, y halló una como parra montés, y de ella llenó su falda de calabazas silvestres; y volvió, y las cortó en la olla del potaje, pues no sabía lo que era. Después sirvió para que comieran los hombres; pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, gritaron diciendo: ¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer. Él entonces dijo: Traed harina. Y la esparció en la olla, y dijo: Da de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla.
2 Reyes 4.38-41
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Hace tiempo atrás recibimos la lamentable noticia de un brote masivo de intoxicación en unas escuelas del estado Portuguesa. Se dijo que hubo más de 80 afectados entre ellos estudiantes, profesores y personal obrero, presentaron dificultades respiratorias, cefalea, vómitos, desmayos, entre otros síntomas. La fuente de la intoxicación pudiera haber surgido de una mezcla de químicos, también se llegó a decir. Lo cierto fue que se liberaron gases que terminaron siendo venenosos para la vida humana. Lugares que fueron edificados para el estudio y la formación terminaron siendo víctimas de un posible envenenamiento numeroso. Estaban en sus quehaceres diarios pedagógicos y laborales y los gases esparcidos en la atmósfera sin saber de dónde, impactaron y causaron un golpe inminente a la salud. Este suceso alarmante pudiera ser tomado como símbolo de lo que enfrentamos como personas y sociedad a diario contra ciertas ideas y actitudes nocivas que nos rodean. Por eso cada día debemos tener en nosotros y con nosotros los antídotos contra la cicuta. Esa que le dieron a beber como castigo a Sócrates y así buscar desaparecer su sabiduría, su conocimiento y su disidencia creativa. Sí, hay verdugos de la cicuta y hay quienes queremos vivir para resistirla.
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Nos rodean ideas y actitudes altamente tóxicas. Con razón el profeta Eliseo nos enseña como superar intoxicaciones masivas. Dice la historia bíblica que tomaron sin querer en vez de hierbas buenas para el potaje, tomaron calabazas venenosas. Y la pusieron en la olla de todos. Había crisis, había hambre, había desolación. Y envenenaron la olla. Quizás sin querer. Pero igual fue envenenada. Hay venenos esparcidos que intoxican tu corazón, tu liderazgo y tu conciencia. El veneno de las bajezas y de los improperios. El veneno de los egoísmos y de los latrocinios. El veneno del ego y de la falsedad. El veneno de la religiosidad y del pensamiento unidimensional.
En la historia de las ideas venezolanas hemos combatido proyectos venenosos que tienen como fin que olvidemos a nuestros propios pensadores y líderes positivos, a menospreciarlos y a subestimar sus obras y sus creaciones. Por eso es imperativo el hacerse la pregunta: ¿cómo se piensa desde Venezuela? Ahora bien, recurramos a una posible respuesta múltiple: se piensa desde la estructura de la universalidad del lenguaje literario actual:
—el mito (o los mitemas)
—el humor
—la profanación (ese orden plurívoco)
—lo excéntrico
—la emoción primitiva (ese amor a la justicia, la pulsión libertaria, la cólera justa)
—el presente cultural común
—la actitud antidogmática
Pero estos rasgos poderosos luchan contra venenos invasivos. Venenos que debemos identificar.
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Enumeremos tan solo tres de esas sustancias tóxicas: la tendencia reduccionista epistémica, el cortoplacismo y la impronta del liderazgo mesiánico. Por eso en las recientes obras de tres pensadores venezolanos recibimos antídotos necesarios y efectivos. En el caso de Gabriel Jiménez Emán y su libro La palabra conjugada (2023) impera el pluralismo sano de la literatura, el cine y la música. No podrás revertir la cicuta sin la memoria afectiva de los símbolos del arte. También tenemos el libro de Alberto Rodríguez Carucci Leer en el caos (2017). La cicuta pierde su poder ante la lectura vital en medio de los desmadres, es el angel de la historia sobrevolando las catastrofes como profetizó Walter Benjamin. Esa es la visión que vence la cicuta. Y para completar la triada, tenemos La vastedad encendida (2023) de Douglas Bohórquez. Hay rebelión, hay erotismo en ese texto poderoso. Es la búsqueda del pensamiento que contrarresta los efectos de la cicuta. Si amas la sabiduría lo logras, si luchas por romper la domesticación del sistema lo logras. Así lo logró el profeta Eliseo también. Él no huyó de la olla podrida, de la olla tóxica. Aquí nadie huye de la crisis de la cultura y de la historia. Estamos metidos en el vientre del monstruo porque tenemos los antídotos. Pidió la harina, el pan, símbolo de la palabra. La palabra auténtica sana, rompe las toxicidades. La palabra es el antídoto. En la palabra están los siete rasgos de la universalidad del lenguaje. En las ollas podridas de la vida y de la sociedad todavía hay gente que porta la palabra, que porta los antídotos. Antídotos con ideas. Antídotos con pluralismo. Antídotos con arte. Antídotos con espiritualidad. Antídotos con estrategias. Así te alimentas y alimentas a todos. Esa es la vanguardia a la cual pertenecemos.
Calabozo, 2025



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