CÓMO GOBIERNAN LOS INUSUALES

CÓMO GOBIERNAN LOS INUSUALES

Por Salvador Montoya/Escritor. @soymontoyaoficial





También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre.

Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.

Eclesiastés 9.13-16

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jorge Luis Borges, Los justos, La cifra (poemario), 1981


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Entre las cosas por aprender de Bolívar tenemos su pedagogía vital al formar a dos de sus sobrinos protegidos: Fernando y Anacleto. A Fernando lo mandó a estudiar a Filadelfia, Estados Unidos en 1822. Incluso Bolivar llega a escribir una carta donde plantea los conocimientos que debería adquirir su sobrino. Luego de ese tiempo de formación, Fernando regresará al lado del Libertador y se convierte en su edecán y en su secretario personal. Y termina siendo uno de sus principales herederos en su testamento. Fernando Bolivar escribió libros y fue un hombre de proyección global. Por otro lado, tenemos a Anacleto. Participó en el ejército patriota y fue ayudante del Libertador. Sin embargo, Anacleto terminó enredándose en el vicio, la corrupción, el alcoholismo, los excesos, la pedantería, la deshonra. En 1826, Bolivar le escribe una carta con un llamado de atención duro y sin misericordia, incluso le amenazó de dejarlo sin herencia y que debía regresar a Venezuela y enmendar su vida. Así gobernó Bolivar a sus dos sobrinos. Así gobiernan los inusuales. Y estos dos sobrinos representan de alguna manera multitudes que nos rodean desde el ámbito personal, laboral o institucional y organizacional. 

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Gobernar (a uno mismo, una familia, una empresa, una organización) es practicar una filosofía política, sea que estés consciente de ello o lo ignores. Ahora bien, hay gente voluntariamente ignorante a eso. Así lo dice el apóstol Pedro ("estos ignoran voluntariamente...", 2 de Pedro 2.5): hay personas que deciden ser ignorantes a voluntad propia. Y hay quienes buscan ese saber de la verdad y de la sabiduría de manera intencional e intensa ("Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia", Proverbios 4.7): hay quienes son buscadores de la inteligencia. Así que al gobernar usas una filosofía política y en esa filosofía política o te vuelves un ignorante voluntario o en un buscador de la verdad. Por tanto, los inusuales saben gobernar con singularidad. Y para ello usan dos herramientas indispensables: El modelo de la doble percepción y la maestría de los contrastes ocultos.

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El modelo de la doble percepción surge del principio del apóstol Pablo que dice: "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente". Pablo asienta que estamos bajo una doble óptica: la percepción natural y la percepción espiritual. Y las describe a través de tres verbos: percibir, entender y discernir. Pablo no dice que una percepción es mejor que otra. Al final, los humanos necesitamos las dos. Lo que Pablo diserta es que se hace imperativo aprender a seguir el modelo de la doble percepción. Percibir, entender y discernir son actos de la doble percepción. La doble percepción nos brinda herramientas para entender la esencia de las cosas y eso se manifiesta en el lenguaje que usamos. A través del lenguaje se descifran los símbolos y los arquetipos del vivir y del gobernar. Lo vemos en la filosofía griega, lo vemos en la teología medieval con San Agustín y Santo Tomás de Aquino. Allí está la doble percepción: gobiernas lo material con la visión de lo espiritual. Es lo que también proyectó Hobbes en su Leviatán, y por su parte lo hicieron Hegel, Kant, Nietzsche y Heidegger. De esa doble percepción venimos. Incluso en las doctrinas más ateas o escépticas, se sustentan sus tesis en muchas posiciones gnósticas o en la simbología poética. Al decir de Levi Strauss: son los mitos que sustentan nuestra condición humana. Por eso vemos películas, nos admiramos con el arte plástico y leemos novelas y cuentos. El hombre está hambriento de lo simbólico. Por eso en una novela hay filosofía política, en un concierto de música, en un stand-up comedy. Ahora bien, al estar entrenados en la doble percepción somos como el hombre que mira el cielo. Cualquier mortal podrá mirar el cielo y admirar su belleza y su inmensidad desconocida. Pero para alguien entrenado en las cosas celestes: podrá saber dónde están las estrellas, sus nombres, las constelaciones y sus movimientos, descifrará los planetas y sus cercanías y todas las implicaciones. Así es la doble percepción: cuando sabes que vivir te demanda una actualización constante de tu visión. Al enfrentar la pobreza espiritual y material de un país y de una sociedad, necesitas la doble percepción. Por eso los creativos, los artistas, los poetas, los cineastas, los comunicadores son siempre los que transforman a una sociedad. Pues ellos trabajan con la doble percepción. ¿Cómo te miras a ti mismo? ¿Cómo miras a los demás? ¿Cómo percibes tu cultura y el futuro? Para eso requieres la doble percepción.

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La maestría de los contrastes ocultos. Es la segunda herramienta de cómo gobiernan los inusuales. ¿Qué es la maestría de los contrastes ocultos? Es lo que Salomón describe en Eclesiastés 9. Había una ciudad lista para ser destruida por un gobierno opresor y despótico extranjero. Pero un solo hombre sabio y pobre la liberta y vence al ejército opresivo. Sin embargo, es un hombre menospreciado y ninguneado aún siendo el propio libertador. Y por eso Salomón dice: siempre la sabiduría será mejor que la fuerza aunque seas menospreciado. En otras palabras, la maestría de los contrastes ocultos. Para transformar un lugar y un tiempo se requiere que te metas en el fango de esa época. Te van a menospreciar, te van a hacer a un lado. Pero persiste en tener la presencia del cambio en esa institución, en esa organización, en esa ciudad o país. Estar metido en el fango significa que te van a vilipendiar, van a usar tus propios errores, te van a avergonzar, te van a exponer a los detractores y a los escarnecedores. Se van a burlar de ti y de tu familia y de tus proyectos. No te van a dar lugar siempre o quizás lo hagan como para salir del paso. Y te expondrán pero para luego desestimar tu saber y tu influencia. O usarán tu éxito para desprestigiarte. O negaran tus triunfos y tus victorias. Pero aún así tu decidirás por la sabiduría, por la luz, por la hermandad, por la fe, por la esperanza. Aún así tú vivirás como un libertador de mentes y de multitudes con tus más y con tus menos, con tus aciertos y con tus errores. Esa es la maestría de los contrastes ocultos. Hay ejércitos que estás venciendo para que tu país sea mejor. Hay batallas que estás venciendo para que tú familia sea mejor. Hay peleas que estás dando para que el futuro de tu pueblo sea mejor. Pero aún así puede que no lo reconozcan. Entonces, estás viviendo la maestría de los contrastes ocultos. Estás siguiendo el modelo de la doble percepción. Es dejar de ser un Anacleto. Porque al final, estás gobernando como los inusuales.

Calabozo, 2026

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