LAS CUATRO PREGUNTAS QUE DEFINEN TU VIDA

Por Salvador Montoya/Escritor
Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?
Lucas 8.25
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Nuestra calidad de vida está determinada por la calidad de las preguntas que hacemos. Todo crece, se desarrolla, se multiplica, se expande gracias a las preguntas que hacemos. Albert Einstein se preguntó: ¿cómo es viajar a la velocidad de la luz? Y partir de allí exploró las posibilidades de volcar patas arribas toda la ciencia física que se conocía. Demostró que la Teoría de la Relatividad General trascendía los conceptos de Newton y lograba acercarse con visión meridiana a enfoques muchos más complejos y agudos sobre la naturaleza del universo. Y todo comenzó porque Einstein se atrevió a preguntarse. Pues las preguntas definen nuestras vidas. Por otra parte, el joven venezolano Simón Bolívar participa en conversaciones con el gran sabio Alejandro Humboldt que venía de recorrer el continente americano y proponía que ya estas tierras estaban listas para conquistar la independencia. Entonces, Bolívar se hizo la pregunta: ¿y si ese libertador puedo ser yo? No se hizo la pregunta por soberbia sino con la lucidez y la intuición de un líder. Entonces luchó por la liberación de cinco naciones suramericanas. Y todo comenzó porque Bolívar se atrevió a preguntarse. Pues las preguntas definen nuestras vidas.
También el inventor Thomas Edison se preguntó qué se podía hacer con la electricidad, cuáles inventos podía crear para hacer una vida mejor para la humanidad. Y así logró perfeccionar la bombilla eléctrica y otros muchos más inventos que sostienen nuestra civilización actual. Y todo comenzó porque Edison se atrevió a preguntarse. Pues las preguntas definen nuestras vidas. Jesús de Nazaret también conocía el poder de las preguntas correctas. Y él nos desafía a contestar con nuestra vida cuatro preguntas que definen quiénes somos y quiénes vamos a ser.
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La primera pregunta es la pregunta de la fe y de la pasión. En el episodio de los evangelios narrado en Lucas 8 vemos una tormenta que se levanta contra la embarcación de Jesús y de sus discípulos. Ellos creen que van a morir. Y despiertan a Jesús de Nazaret y el Rabí de Galilea reprende los vientos y los huracanes y el mar hace bonanza. Y luego les pregunta: “¿Dónde está su fe?”. Porque como dicen los investigadores Medefind y Lokkesmoe: “Las revoluciones comienzan cuando alguien hace una pregunta” (Medefind y Lokkesmoe, El comunicador revolucionario, Lake Mary, Casa Creación, 2005, p.49).  El problema no es el tipo de crisis, el tipo de adversidad, el tipo de resistencia que estés enfrentado. Jesús de Nazaret quiere saber si tienes fe para trascender las asechanzas y las circunstancias negativas. Hoy un día hay huracanes económicos que se lo llevan todo, tormentas en contra de la familia, vicios, inmoralidades, amargura, depresión, pesimismo, enfermedades. Pero hay que decidir: me quedo viendo cómo la tormenta se lo lleva todo o me paro en fe y le digo a la tormenta: “Yo no me muero en el mar, no nací para morir en el mar, en la tormenta. Yo estoy diseñado para triunfar sobre huracanes”. Es activar en ti el espíritu de superación, es investirse de la actitud profética.
La segunda pregunta es la pregunta del poder. En Marcos 12. 24, Jesús de Nazaret dice: “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?”. Le habían hecho una pregunta a Jesús sobre la resurrección, sobre una hipotética mujer que se casara con varios hermanos porque los anteriores morían y no podía quedar sin descendencia. Entonces le hacían la pregunta que con cuál de ellos la mujer se casaría en el cielo. Y de allí  viene la pregunta de Jesús de Nazaret. Muchas veces ignoramos el poder que tenemos pues desconocemos la palabra de Dios. Toda vida es poderosa cuando tiene la palabra de Dios. La palabra de Dios afirma tu identidad, afirma tu fe, afirma tu proyecto de vida, afirma tus logros, afirma tus metas, afirma tus conexiones, afirma tus finanzas. La palabra de Dios destraba tu mente, rompe los bloqueos satánicos, rompe las ignorancias y los errores. Hay gente que vive confundida, trastornada porque desconoce la palabra de Dios. La Palabra de Dios es lámpara, es luz, es pan, es poder, es eficaz, es una espada, es dinamita, es fuego, es revelación, es amor, es creación, es sanidad, es sabiduría. Todo lo que necesites lo tiene la palabra de Dios.
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La tercera pregunta es la pregunta de la grandeza. En Marcos 9.33, Jesús de Nazaret inquiere: “Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?”. Los discípulos le dicen que estaban discutiendo sobre cuál de ellos sería el mayor en el reino de los cielos. Y Jesús de Nazaret responde que el mayor es aquel que sirva a todos. Porque hay quienes que piensan que son mayores por sus títulos académicos, por los carros que tienen, por la gran cuenta bancaria que poseen, por las propiedades que han adquirido, por las posiciones políticas o económicas que ostentan. No obstante, Jesús de Nazaret mide la grandeza por una sola palabra: servir. Servir a los demás, desarrollar en ellos su potencial te hace grande. Porque tu ADN, tus átomos de superación, se quedan en la gente que le sirves. Hay un desgaste en servir a los demás pero hay una riqueza. Todo lo que tú siembras lo cosechas multiplicado. Allí está la grandeza del servicio.

La cuarta y última pregunta es la pregunta del amor. En Juan 21.15, Jesús de Nazaret le pregunta a su discípulo que lo había traicionado y pensaba que ya no tenía oportunidad: “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos”. Muchas veces sentimos que estamos derrotados, y dejamos que la frustración nos ahogue el destino. Otras veces creemos que estamos inhabilitados por nuestras flaquezas y nuestras reincidencias en nuestros errores y ya creemos que no tenemos más oportunidades. Y así estaba Pedro. Así se sentía Pedro. Pero Jesús le hace la pregunta correcta: ¿me amas? Hoy Jesús de Nazaret te hace la pregunta del compromiso, de la perseverancia. Porque si le amas, te pondrás de pie, seguirás adelante, no te importarán las burlas, las envidias y las traiciones de otros. Tú sigues el camino del amor, el camino de la entrega, el camino de la misericordia. Por ello es que la vida se resume en amar a Dios y amar a tu prójimo como a ti mismo. ¡Vamos las respuestas están en ti para hacer extraordinaria la vida en la tierra! 

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