APRENDER A VER CON OTROS OJOS

 APRENDER A VER CON OTROS OJOS



(La visión de Gustavo Alfonzo Quiñones)

Por Salvador Montoya/Escritor. @soymontoyaoficial


Lo que pasa es que uno aprende a ver con otros ojos

Gustavo Alfonzo Quiñones, La tierra del capitán, Logos Narrativa, Caracas, 2025, p. 96


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En alguna de mis turbulentas experiencias me tuve que enfrentar en una convulsionada calle a los gases lacrimógenos y desde allí resistir ese humo bloqueador y alzar por encima de esa barrera los ideales que le forjan carácter al corazón. Frente a los gases lacrimógenos se corre, se salta, se busca algún refugio, algún respiro. Y muchas veces la vista no te ayuda. Y lo único que te queda es recurrir a la otra mirada, a la otra visión: a la visión de las convicciones, a la mirada divergente. Se te nubla la vista natural pero activas la mirada de las ideas, la visión superior.


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Con razón decía el genial Jorge Luis Borges sobre su ceguera: "He perdido el mundo visible pero ahora voy a recuperar otro, el mundo de mis lejanos mayores" (Cf. Sobre la ceguera, 1980). A esa misma pasión arriba el escritor calaboceño Gustavo Alfonzo Quiñones con su nueva obra La tierra del capitán. Una novela con un puzzle de aventuras en nuestro mestizaje. Alfonzo Quiñones va al hueso de nuestros orígenes. Lo hace desde un narrador popular, con sus propias destrezas orgánicas. No busca ningún virtuosismo estético o de técnicas narrativas, más bien, se manifiesta, henchido de habla campesina aún contando avatares del siglo XVI y XVII. Alfonzo Quiñones cuenta dos historias: la llegada del capitán conquistador y su duelo en nuestras tierras aborígenes por el dominio del Valle Fértil. Allí se relaciona con un conjunto variopinto de personajes rebeldes, sumisos, ambivalentes. Pero lo que más le obsesiona es el amor perdido con una india llamada Amuay. La otra historia es: la trashumancia existencial de una familia entre el llano apureño a finales del siglo XIX y su estadía definitiva en Calabozo, esa capital amorosa de los llanos venezolanos hasta nuestros días. Al final estás dos historias se encuentran ofreciéndonos un símbolo díscolo de nuestras pulsiones como cultura y como sociedad. Mientras se lee La tierra del capitán vamos recuperando la visión de nuestras génesis. Es volver a lo que hemos sufrido y vivido. No es que Alfonzo Quiñones llueva sobre mojado. Es regresar a la luz que de alguna manera nos dió un nacimiento trágico. En esa tesitura narrativa nos invaden ecos de Horacio Quiroga, de Armas Alfonzo, de Rómulo Gallegos, de Guillermo Meneses. Quizás es una forma de recuperar certezas lo que nos comunica Alfonzo Quiñones en medio de todo el caos contemporáneo. Así se nos alumbra y nos cautiva con esa visión.


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Aprender a ver con otros ojos es también recuperar la tradición multiple de la narrativa propia. Guárico como Calabozo ha cultivado y se ha hecho sentir su presencia viva literaria (dijera Pedro Díaz Seijas). Citemos dos obras del siglo XXI: la novela Compost, Caminos prohibidos (2005) de Rafael Castillo García y Cuentos del coronel (2001) de Emilio Arévalo. Decía Tolstoi: pinta tu aldea y pintaras el mundo o la derivación de esa idea: si quieres ser universal, escribe sobre tu aldea. Ahora bien, no se trata de un provincianismo burdo y estéril o la adoración ingenua del ombligo: se trata de ver lo universal desde el corazón de las cosas más sencillas, desde las menudencias de la condición humana. Ese es el verdadero reto de la visión. Por eso, es que la novela La tierra del capitán de Gustavo Alfonzo Quiñones es osada. Nos llega a decir en alguno de sus cinco capítulos: "...no hay peor tragedia que la pobreza de todo un pueblo, incluyendo a sus gobernantes, principalmente sus gobernantes. Me refiero a la pobreza mental y cultural..." (pp. 142-143). Ahí está la reflexión y la vivencia trágica de Juliancito, uno de sus personajes finales, que junto al juego de dominó de la escena penúltima van luchando con cuál imagen nos vamos a ver, y desde cuál imagen nos vamos a remontar por encima de cualquier caos o desgracia. Porque la realidad diaria y global como gases lacrimógenos nos ciega pero esos ojos otros de Gustavo Alfonzo Quiñones y su novela, con esos ojos genuinos estoy seguro que nos podemos seguir superando todos.

Calabozo-Caracas, 31 de marzo de 2026

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